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A. Díaz - martes, 21 de octubre de 2014.

    Ramón Bello Bañón habló para Aluex de soledad, nostalgia y alegría.
    El abogado y escritor albacetense pronunció la lección inaugural del curso de la asociación en el salón de actos de la Fundación CCM

     El salón de actos de la Fundación CCM acogió la apertura del curso de Aluex, con una lección inaugural del abogado y escritor Ramón Bello Bañón. La presidenta de Aluex, Carmen Martínez Orellana, tras el saludo a los asistentes y el recuerdo especial a Samuel García Monseco, cedió la palabra a Juan Bravo Castillo, doctor y catedrático de la UCLM, que se encargo de hacer una breve semblanza de Ramón Bello Bañón.
     Destacó la personalidad de Bello Bañón «un modelo intelectual que nos sirve de ejemplo». Repasó la trayectoria del escritor y abogado y subrayó su polifacetismo y calidad humana.
     Ramón Bello Bañón por su parte, centró esta lección inaugural que resumía en tres palabras: soledad, nostalgia y alegría, aplicadas a acontecimientos históricos humanos y literarios. Cuando habló de la soledad recordó la situación de Gabriel García Márquez «que se encuentra con el problema de ver cómo puede, una vez termina su obra Cien años de soledad, verla situada en una editorial y está dos años  con  situación de soledad absoluta».
Se refería a la nostalgia que sintió Benito Pérez Galdós «cuando en 1919 ya ha terminado Victorio Macho su monumento que se va a instalar en el Retiro. Está ciego y él quiere tocar esa imagen y comienza tener nostalgia de su vida, cuando llega a Madrid por primera vez,  entra en el Ateneo o cuando empieza a escribir sus Episodios Nacionales y va a visitar a al reina Isabel II. Finalmente, cuando en 1912 pierde la vista, y puede ganar un Premio Nobel de Literatura, viene una comisión de la Academia sueca y son los propios españoles, envidiosos, los que están en contra y hacen un informe desfavorable».
     El tercer eje lo centró en Schiller y Beethoven. El primero, decía Bello Bañón, «compone una Oda a la alegría en 1785 y Beethoven, que es 30 años más joven, la lee se entusiasma y cuando va a finalizar su Novena sinfonía, incluye en el último movimiento toda la cuestión coral y se convierte en himno y son los versos de Schiller cantados por el coro en el estreno en Viena en el año 1824».
      Una espléndida lección inaugural porque «en la vida -decía el escritor- no solamente literaria, histórica o sentimentalmente pasamos por ráfagas de tristeza, soledad, nostalgia o alegría, con la que he querido terminar, con un sentido elevado e inmenso».

 
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